Páginas

domingo, 18 de julio de 2010

El desierto del 36

Día 2: Villalcázar de Sirga - Sahagún (León)
44 kilómetros
Calor
Pueblos: Carrión de los Condes, Calzadilla de la Cueza, Terradillos de los Templarios


Hay pueblos agrietados en medio de campos de labranza que parecen roturados con las manos de un dios inexistente. Así es Carrión de los Condes, un próspero lugar en tiempos del Cid pero que hoy lucha encarnizadamente por cortar la hemorragia demográfica que asola a la España rural.

Carrión de los Condes fue un lugar épico en época antigua. Tenía 12 iglesias, 12 hospitales y hasta una sinagoga que hoy languidece en lo alto de un pequeño collado. A partir de aquí comienza la nada. La pelea de subsitencia en la Castilla árida, roja y campesina que grita al cielo por una gota de agua. 


Manuel es un peregrino de Tudela, gordito y peleón. Va pertrechado como un descubridor africano en el siglo XXI:  botellín de agua gigantesco envuelto en una gabardina de hielo, plano detalladísimo de su recorrido diario en una especie de guantera que se ha construído en el manillar de su bicicleta y un GPS milagroso, que además de salvarle de algunas puertas falsas que hay en este laberíntico Camino de Santiago, le indica los lugares secretos donde encontrar agua. "Me lo regalaron", asegura ante la sorpresa del pelotón rutero que se ha formada para superar este desierto de cebada de 15 kilómetros sin sombra que llega a Calzadilla de la Cueza. "Nada, ni una gota de agua en 20 kilómetros a la redonda", indica aligerado de peso, el muy cabrón. "Contraté a una agencia que me lleva el equipaje de la salida a la llegada por 7 €", suelta con una leve sonrisa. Cabronazo.

Me quedo rezagado del zahorí de Tudela sacando fotos a un campo de girasoles en flor. Prefiero los girasoles a la envidia insana. Hoy, sí. Porque el sol no cesa de lanzar sus lenguas de fuego sobre un sendero yermo. Sólo los camellos parecen reírse de la perdición humana. Los peregrinos -de todas las razas y colores- van cayendo sobre los campos segados. La misma tierra que un largo y tórrido verano del 36 fue anegada de sangre estéril. Pero los muertos de hoy desfallecen lento entre los secarrales, uno a uno.

Una japonesa se rinde. Va vestida como una momia y lleva guantes. No puede más y suspira por un poco de agua. Recuerdo la foto del surafricano Kevin Carter en Darfur, en 1993, y que tanta polémica provocó. ¿Le ayudo con mis tres dedos de agua a 40 grados o le digo sayonara, peregrina? Carter cubría un drama, yo  pedaleo en medio de él.

Rosa es catalana de Lleida, maestra y tiene cuerpito de ciclista. Piernas finas y fibrosas. Gran resistencia.  Tiene un cierto parecido a la triatleta Virginia Berasategui, que es de mi pueblo y nos tenía a todos en forma por si algún día te invitaba a correr. Rosa es buena conversadora. Aprieta en las cuestas. Te hace pensar: ¿De dónde coño sacará las fuerzas? Juntos entramos en León.

Me cuenta lo que para ella es ser catalana. "Es identificarte con una cultura, con un idioma que lo hablo desde  que nací, con nuestra literatura. Como un francés con Francia o un inglés con Inglaterra. Somos una nación pero no un Estado. Por eso me dan envidia los andorranos. A ellos no les digas que son España o Francia". Queda claro que le resulta incómodo ser española. Como a muchos en su tierra o en Euskadi. Es una realidad, ni peor ni mejor que otra. Es una forma de no ser, o de ser de un país inexistente. Optar, casi,  por ser un apátrida. Es, como quería el saxofonista blanco Stan Getz, ser un saxofonista negro.

Suave mujer que regala explicaciones para ella trascendentes sin dejar de reír. Sin dobles sentidos, con la ironía justa ("el Mundial lo ha ganado el Real Madrid, ja"), con un niño de tres años esperándole a la llegada.    Hoy dormirá en el camping y le cantará una nana catalana bajo la tenue luz de una luna mora.

2 comentarios:

Aran dijo...

Mucho ánimo por tierras castellanas, aqui en Madrid el asfalto se está fundiendo. Cuando hicimos nosotros el Camino recuerdo ese tramo el más árido con unas llanuras inmensas que no alcanzaban la vista y un sol de justicia que te machacaba el alma. No aflojes, en nada estarás en Galicia. Mucho agua, frutos secos y chocolate!!
Sigue escribiendo. Cuidate.

MA Blanco dijo...

Joer, elemento, menudo paseo, ¿no? Tremendo lo del de Tudela... En fin, tremendo el abanico de personajes, en general. Menuda experiencia... Oye, como estoy animado, en plan "ya sabes tú cómo", me vas a permitir una preguntilla de nada, no te la tomes a mal, aunque ya sé que tras el esfuerzo y la solanera, pocas ganas de vacile, jaja... Bueno, voy: ¿un paisaje arado por manos de un dios que no existe es lo mismo que un paisaje intacto? ;)
PD. Ya lo sabrás, pero Contador, maillot amarillo...