Páginas

lunes, 14 de noviembre de 2011

Amistad eterna


Hace unos días vimos esta fotografía acompañada de un pequeño comentario que nos llenó de asombro. Fue publicada en un diario de Carolina del Norte, EE UU, para ilustrar la noticia de un devastador incendio en una vivienda de la ciudad de Charlotte. Por fortuna, no hubo muertos pero sí imágenes emocionantes donde las víctimas mostraban la alegría inconmensurable de quien vuelve a nacer. Fue un día de batalla sin cuartel contra el fuego y la gasolina del viento. Un sinfonía pavorosa entre chasquidos de maderas consumidas y los gritos estremecedores de gente atrapada por las llamas. 

En uno de los pisos altos, el bombero de la foto escuchó un quejido. Se giró y vio a una perra aterrada en una esquina, cubriendo con su lomo a cinco cachorros. No se lo pensó dos veces. Metió a las crías en una bolsa de hule, agarró entre sus brazos a la paralizada madre y salió de aquel infierno. Una vez puestas a buen recaudo, el bombero continuó con su tarea durante varias horas más.

Tras una noche si tregua, el incendio logró ser sofocado con los primeros rayos de sol. Un amanecer carbonizado. Cansado, el bombero se sentó en un jardín cercano para reponer fuerzas y beber. De pronto, observó que una perra le observaba con fijación. Cuando las miradas por fin se cruzaron, la doberman caminó hacia el bombero. Lenta y pausada fue directo hacia el hombre. Era la perra que horas antes había salvado de morir abrasada. Al llegar a su lado le comió a lametazos. Fue su manera de agradecerle lo que había hecho. Suerte que allí estaba un fotógrafo para captar el emotivo reencuentro. Un acto de ternura instintiva, de agradecimiento sincero.


No hay comentarios: