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domingo, 24 de junio de 2012

Eiger, la pared de arena


Fotografía: ©Mikey Schaefer

El vértigo jamás viaja con los escaladores. Y menos aún en una cordada alpina como la que aparece en la foto. Es la cara norte del Eiger, una montaña de 3.970 metros situada en el corazón de los Alpes berneses, en Suiza. El protagonista de la imagen es Dean Potter, un estadounidense especializado en ascensiones trepidantes. Tras una década rompiendo récords de velocidad en los picos más complicados del planeta, sometió al Eiger en 2008 pero juró no regresar.

Este pico llegó a ser "la obsesión para los mentalmente trastornados" y su cara norte, "la variante más imbécil desde que empezó el montañismo". Hoy, continúa siéndolo. La dificultad es extrema y la exigencia, máxima. Hasta diez años separan a las dos primeras ascensiones. En el camino, este coloso devoró a casi un centenar de escaladores.


Nordwand, cara norte del Eiger, vista desde el complejo hotelero de Kleine Scheidegg

El reto consiste en trepar por un muro vertical con más de 1.500 metros de altura. Y no puede hacerse en verano ya que el calor desmorona la roca y la convierte en arena. Un formidable desafío que congela el alma, en medio de súbitos cambio de tiempo y de traicioneras sorpresas. Hasta los años 80 a los escaladores les bastaba con llegar a la cima de esta enorme mole de piedra caliza. Los primeros en lograrlo -Anderl Heckmair, Ludwig Vörg, Heinrich Harrer y Fritz Kasparek- tardaron tres días en doblarle al Eiger su dura mano. Luego vinieron más.

Heckmair por delante de Vörg, Harrer y Kasparek en la primera ascensión norte en 1938

El gran Messner llegó arrastrándose tras 10 horas zigzagueando por osarios de vientos. A partir de entonces, el alpinismo de élite en el Eiger se convirtió una carrera de bólidos por saber quién era el más rápido.... 4 horas y 40 minutos... 3 horas y 54 minutos... La locura al filo del precipicio. El récord se selló en 2 horas, 47 minutos y 33 segundos cuando lo normal es invertir dos días. El honor de tan extraordinaria proeza pertenece al montañero suizo Ueli Steck, un portentoso escalador de 35 años que meses después firmó una memorable ascensión relámpago en el Annapurna para rescatar a Iñaki Ochoa de Olza... pero esto es otra historia.

Aquí podéis contemplar la hazaña de Steck en el Eiger. Como Usain Bolt pero hacia las estrellas.
  


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