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lunes, 5 de julio de 2010

Delirante

Hace unos horas maldecía mi suerte. La resaca del sábado fue apoteósica. Era como si un concurso de batucada se hubiera organizado dentro de la cabeza. Los tambores retumbaban con una saña digna de mejor causa mientras agujas de ron se hincaban en las sienes hasta desatar una marejada de fuerza siete en mi oprimido estómago.

Entras en un estado de indiferencia absoluta por la vida animal, asolado por una vagancia tan extrema que hasta los comentarios de una etapa del Tour de Francia parecen una buena elección para la sobremesa. Domingo de ceniza.

Es lo que tiene sumergirte en el alcohol y el tabaco la noche anterior. La ventaja fue que en esta ocasión la madrugada estival fue una verbena ambulante. Cuando acababa la fiesta en un garito empezaba en la del bar de enfrente. Y así, de sol a sol. Marcha a tope y no como en Rumanía, que a las ocho de la tarde están todos más mustios que el Conde Drácula.

Compartí barra con gente que vestía como quería, o sin ropa, incluso alguno llevaba barba de talibán mientras vagaba bajo el calor de la luna con un cubata en la mano moviendo el culo como Naomi Campbell.

No recuerdo mucho más. Tan sólo que no bailé chorradas veraniegas ni hablé ni una palabra del Mundial de fútbol. El sábado era territorio Village People y Kylie Minogue. ¿Qué más se puede pedir? Fue una acertada decisión aunque todavía esté pagando las consecuencias de meter tanto ron en mi cuerpecillo verde.

1 comentario:

alicia dijo...

Jo! No sabes como te entiendo Gorka. Creo que he debido de dormir unas 6 horas en tres días...
Menudo fiestorroncio!!!