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martes, 18 de mayo de 2010

Fumar es malo


Los fumadores son seres muy antiguos. Materia arqueológica. Más pasados que una película muda. Recuerdo al mítico Lucky Luke liándose un pitillo antes de triturar a los hermanos Dalton. Años después le bajaron su perfil de vaquero duro y melancólico. Sus creadores dijeron que dibujarlo con un cigarro prendido de los labios no era un patrón para sus jóvenes seguidores. Y se lo cambiaron por un manojo de hierbas. Lo desnaturalizaron. Es como si a Astérix le sustituyeran la poción mágica por agua destilada. Perdería la gracia y, por supuesto, toda la fuerza. Los romanos conquistarían la aldea y Obélix sería la comida mensual de los leones del Circo. 

Pero tienen razón los guionistas. Lucky Luke era un anuncio de tabaco subido a un caballo, un mal ejemplo para los niños. Y no es cuestión de crear héroes atosigados por el humo. Quizá por eso siempre omitieron dibujarle al amanecer. Ahí fueron muy listos. Prefirieron evitarle la vergüenza de mostrarle abatido por la tos ronca, angustiado por esa respiración silbante de dragón afónico. 

La causa del vaquero solitario la entienden siete de cada diez españoles que en una reciente encuesta se han mostrado partidarios de la prohibición total del tabaco. De aplicarse esta pauta, los próximos meses serán una gran batalla donde los saqueos, los suicidios y los fusilamientos colectivos en la plaza del pueblo serán tan corrientes como el sol del mediodía. En los bares la gente se estirará de los pelos. Será una bonita guerra entre dos bandos que se aman. El de los ilustrísimos bebedores y el de los insensatos fumadores. 

Al resto -es decir, a los que bebemos y fumamos lo que nos apetece- nos queda la opción de afiliarnos a esas terapias de levitación y buenas vibraciones que proliferan últimamente como setas tras la lluvia. Quizá sea la forma más saludable de seguir el ejemplo de exfumadores compulsivos como Lucky Luke para conciliarse con sus futuros seguidores.

1 comentario:

isabel dijo...

Muy bien, muy bonito escrito y con el humor aflorando, pero no sirve para desviar el tema. Hay que dejar de fumar. Al menos, delante de los que no quieren morir aplastados por ese humo maloliente. El cigarrillo siempre ha resultado atractivo en el cine, la literatura e incluso, hay que reconocerlo, la propia vida. Pero esos tiempos ya se esfumaron. Salud.